lunes, 9 de marzo de 2009

.Poner límites.


Los límites dan paz, ya que se por donde se demarca mi vida, y no tengo dudas. Los límites los ponen los padres, y cuando no lo hacen es el mayor maltrato a un hija/o ya que les impiden crecer emocionalmente.
Crecí sin límites, sin saber que era bueno, malo, verdad, mentira, por lo tanto sin poder confiar ante la incertidumbre, y si uno no confía no puede amar, ya que no confío en mi misma/o. no sé quien soy, donde estoy parado, que quiero, adonde voy, me manipulan, me maltratan y todo lo permito, no tengo límites para mi ni para el otro.
Debo construir lo límites de mi vida yo mismo, conectando con mi fuente de valores, virtudes y amor y desde ahí, solo decir-NO, o –SI pero no, las alternativaza dudosas-puede ser, -mas adelante,-quizas. Un no, es no y no tiene otra forma de decirse que NO. Pero primero nace dentro tuyo, tus escalas, y capacidad de amor, tu capacidad de autoengaño, de destrucción, de compasión.
Un NO es NO, no es tal vez.
Cuando puedo ponerme limites a mi mismo, es sencillo ponerlos a los demás y sano. No maduramos emocionalmente hasta que no sabemos cual es el límite de nuestra vida.
Claudia Maria 9 de Febrero del 2009

Viajo en plena noche y pienso...
Viajo en plena noche y pienso: los límites, los límites.
Viajo en auto, y debo dar una conferencia sobre ese tema en un country fuera de la capital. ¿Qué les digo cuan­do me pregunten? ¿De qué hablo?
La gente está angustiada y saturada de tanto análisis y de tantas frases complicadas que explican todo y que no resuelven nada.
Aprendimos a hablar y a pronunciar discursos sofisti­cados. Pero no se modifica la vida con discursos, ése es el problema.
La gente aprendió a cargar sus propias frustraciones sobre hombros ajenos, la culpa del otro, la sociedad de con­sumo, la televisión, los juegos electrónicos, el stress...
No va más. La vida es la que debe cambiar, y con urgen­cia. Queremos vivir mejor. Bienestar, sí, y lo otro, estar bien.
El auto, raudo, recorre la carretera negra. La noche es oscura, la carretera se proyecta hacia adelante, se pierde en el horizonte. Miro por el parabrisas y me pregunto cómo verá el conductor el camino.
Yo tengo la vista confusa, titilan las luces de los vehí­culos y es un mar de focos y sombras que me nublan la visión en vez de aclararla. Me pregunto si los años no esta­rán haciendo lo suyo y mis ojos ya no son lo que eran. El oculista, pienso, el oculista... Y me resigno, y me deprimo un poco por este deterioro que el devenir del tiempo va generando en los cuerpos.
De pronto, despierto. Sucede algo extraño, todo se ilu­mina, y me relajo. Ahora veo perfecto. No, no son los ojos. Algo ocurrió afuera.
"¿Qué ha sucedido?", me pregunto.
Es la misma ruta, el mismo asfalto, la misma noche, pero todo es diferente.
"¿Qué ha sucedido?", insisto en averiguar.
Descubro el gran acontecimiento que ha derramado un haz de visión noble y segura sobre mis ojos. El problema no estaba en mí, estaba en la ruta.
Ahora la ruta, la misma ruta, tiene rayas blancas a los costados, demarcatorias, y una línea segmentada en el medio. La ruta está demarcada. Está el adentro, está el afuera y está el medio. ¡Así da gusto!
También el cerebro se me enciende. Descubrí en qué consisten los límites.
"¡Eureka!", grito hacia adentro, en memoria del glorio­so griego.
Los hijos y los limites. Barylko, Jaime
Las rayas que delimitan el camino
Sin esas rayas a los costados, sin esos límites señala­dos, la gran libertad del camino era un caos de ceguera y miedo, incertidumbre y vacilación.
Ahora es distinto. Faltaban esas rayas. Ahora están, y los límites, lejos de oprimir al viajante, lo liberan, lo prote­gen.
Llegué a la conferencia y supe de qué hablar.
¿En qué consisten los límites? En eso, en delimitaciones del camino, en cercos protectores, en marcos contenedores y referenciales.
No son un fin en sí, son un instrumento para realizar fines. Cuando ellos están uno puede actuar y elegir. Hasta, si quiere, puede salirse del camino. También para salirse hay que conocer los límites.
Eso: los límites son para que pueda haber libertad. Justamente lo contrario de lo que podría pensarse: no cer­cenan la libertad, la otorgan.
Las rayas no son el camino; el camino está entre ellas, y dentro de ese estar entre ellas tú puedes elegir el ritmo, el movimiento, el desplazamiento, la velocidad, el rumbo, el qué, el cuándo, el cómo, y si quieres dejas de moverte, te detienes, y todo lo que tu fecunda imaginación te propon­ga. Lo puedes realizar sabiendo qué va adentro y qué va afuera de esos límites, de esas rayas. Y eliges.
Esa es tu libertad, y la tienes porque tienes límites.
Libro "los hijos y los limites" Barylko Jaime

6 comentarios:

Helen Maran dijo...

mi querida amiga vengo a visitarte para decite que te esperan mas regalos en mi blog,para todos tus blogs,que tengas una hermosa semana,Helen desde Israel.
Lo que me preguntaste privadamente te lo contesto a la vuelta del curso de vipasana,la semana entrante,te felicito por tu hija y sus blogs.

David Fouler dijo...

Un besazo Clauida. Siempre es un placer leerte.

Nano dijo...

HOY QUE HE TENIDO MAS TIEMPO ME HE LIADO A LEERTE MAS DESPACIO Y MAS COSAS Y RECONOZCO QUE ME HE EMOCIONADO ESCRIBES CON UN SENTIMIENTO EXPECIAL ME ENCANTA TU BLOG OLE,OLE,OLE

Seg dijo...

Gracias Nano vos me emocionas a mi con tus calidad palabras...un abrazo del alma

Acuarius dijo...

me alegra encontrar tanta sintonia en ti...

Jurema dijo...

Preciosas las cosas que escribes..

Me llega el sentimiento y eso es lo único valido!!

Un abrazo.