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martes, 22 de julio de 2014

.El otro.

Cuando le preguntan la razón de tanto éxito, él responde que hasta unos días antes había estado viviendo el Otro. — ¿Qué es el Otro? —preguntan. — El Otro es aquel que me enseñaron a ser, pero que no soy yo. El Otro cree que la obligación del hombre es pasar la vida entera pensando en cómo reunir dinero para no morir de hambre al llegar a viejo. Tanto piensa, y tanto planifica, que sólo descubre que está vivo cuando sus días en la tierra están a punto de terminar. Pero entonces ya es demasiado tarde. — Y tú ¿quién eres? — Yo soy lo que es cualquiera de nosotros, si escucha su corazón. Una persona que se deslumbra ante el misterio de la vida, que está abierta a los milagros, que siente alegría y entusiasmo par lo que hace. Sólo que el Otro, temiendo desilusionarse, no me dejaba actuar. — Pero existe el sufrimiento—dicen las personas del bar. — Existen derrotas. Pero nadie está a salvo de ellas. Por eso, es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotado sin siquiera saber por qué se está luchando. — ¿Sólo esa? —preguntan las personas del bar. —Sí. Cuando descubrí eso, decidí ser lo que realmente siempre deseé. El Otro se quedó allí, en mi habitación, mirándome, pero no lo dejé entrar nunca más, aunque algunas veces intentó asustarme, alertándome de los riesgos de no pensar en el futuro. »Desde el momento en que expulsé al Otro de mi vida, la energía divina obró sus milagros. (Coelho)

viernes, 22 de mayo de 2009

.Hágase tu voluntad.


Y comenzó a sonar el Ave María. Debían de ser las seis de la tarde, la hora del Ángelus, la hora en que la luz y las tinieblas se mezclaban. El sonido del órgano resonaba en la iglesia vacía, se mezclaba con las piedras y las imágenes llenas de historias y de fe. Cerré los ojos, y dejé que la música se mezclase también conmigo, y me lavase el alma de miedos y de culpas, y me hiciese recordar siempre que yo era mejor de lo que pensaba, más fuerte de lo que creía. Sentí una enorme necesidad de rezar; era la primera vez que eso ocurría desde que me había apartado del camino de la fe. Aunque yo me había sentado en el banco, mi alma estaba arrodillada a los pies de aquella Señora que tenía delante, la mujer que dijo
«sí»
cuando podía haber dicho no, y el ángel buscaría a otra y no habría ningún pecado a los ojos del Señor, por-que Dios conoce a fondo la debilidad de sus hijos. Pero ella dijo
«hágase tu voluntad»
lo mismo que cuando sintió que recibía, junto con las palabras del ángel, todo el dolor y el sufrimiento de su destino; y los ojos de su corazón pudieron vislumbrar al hijo amado que salía de la casa, a las personas que lo seguían y que luego lo negaban, pero
«hágase tu voluntad»
lo mismo que cuando, en el momento más sagrado de la vida de una mujer, tuvo que mezclarse con los ani-males de un establo para dar a luz, porque así lo querían las Escrituras,
«hágase tu voluntad»
lo mismo que cuando, acongojada, buscaba a su hijo por las calles, y lo encontró en el templo. Y él pidió que no lo perturbase, porque necesitaba cumplir otros deberes y otras tareas,
«hágase tu voluntad»
sabiendo que lo seguiría buscando durante el resto de sus días, con el corazón traspasado por el puñal del dolor, temiendo a cada minuto por su vida, sabiendo que estaba perseguido y amenazado,
«hágase tu voluntad»
lo mismo que cuando al encontrarlo en medio de la multitud, no había podido acercarse,
«hágase tu voluntad»
lo mismo que, cuando envió a alguien para avisarle que ella estaba allí, el hijo mandó decirle que «mi madre y mis hermanos son estos que están conmigo»,
«hágase tu voluntad»
lo mismo que cuando todos huyeron al final, y sólo ella, otra mujer y uno de ellos se habían quedado a los pies de la cruz, soportando la risa de los enemigos y la cobardía de los amigos,
«hágase tu voluntad».

Hágase tu voluntad, Señor. Porque Tú conoces la flaqueza de corazón de Tus hijos, y sólo das a cada uno un peso que pueda cargar. Que Tú entiendas mi amor, porque es la única cosa que tengo realmente mía, la única cosa que podré llevar a la otra vida. Haz que se conserve valiente y puro, capaz de seguir vivo, a pesar de los abismos y de las trampas del mundo.

Fragmento del libro " A orillas del río piedras me senté y lloré"

domingo, 5 de abril de 2009

.Instante mágico.



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A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar, decía él. Percibirnos que el instante mágico de aquel día pasó, y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte.
Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día, y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.
Ese niño que fuimos un día continúa presente. Bienaventurados los pequeños, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.
Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.
Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él. No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.
Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente de otro.
Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.
Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar. Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida.
Fragmento del libro "A orillas del Río Piedras me senté y lloré" P.Coelho

viernes, 6 de marzo de 2009

.Construir o plantar.


...cada persona en su existencia, puede tener dos actitudes: Construir o Plantar.
Los constructores pueden demorar años en sus tareas pero un día terminan aquello que estaban haciendo. Entonces se paran, y quedan limitados por sus propias paredes. La vida pierde sentido cuando la construcción se acaba. Pero existen los que plantan. Estos a veces sufren con las tempestades, las estaciones, y raramente descansan. Pero al contrario que un edificio, el jardín jamás deja de crecer. y, al mismo tiempo que exige la atención del jardinero, también permite que, para él, la vida sea una aventura. Los jardineros se reconocerán entre sí, porque saben que en la historia de cada planta está el crecimiento de toda la Tierra.

Fragmento del libro Brida, Paulo Coelho

Gracias Ana Maria Saraceno por este hermoso regalo para mi alma.

jueves, 6 de noviembre de 2008

.Pasando y sobrepasando.



Un guerrero de la luz nota que ciertos momentos se repiten.
Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había enfrentado.
Entonces se deprime, comienza a pensar que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles siempre vuelven.
"Yo ya pasé por esto", reclama a su corazón
"Realmente ya has pasado", reponde el corazón "pero nunca has sobrepasado".
El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle que todavía no ha aprendido.
Y entonces pasa a buscar una solución diferente para cada lucha repetida, hasta que encuentra la manera de vencerla.

viernes, 31 de octubre de 2008

.El guerrero de Luz.



Cuando deseas algo, todo el universo

conspira para que realices tu deseo.

Quien desea ejercitar el Buen Combate de la vida tiene

que mirar al mundo como si fuese una aventura

y su meta como un tesoro que está esperando

para ser descubierto.

El mundo está en las manos de aquellos

que tienen el coraje de soñar

y correr el riesgo de vivir sus sueños.

El amor es contemplar la misma montaña

desde ángulos diferentes.

Los sentimientos deben permanecer

siempre libres.

No se debe juzgar un amor futuro por

el sufrimiento pasado.

El mejor guerrero es aquel que consigue

transformar al enemigo en amigo

Un guerrero de la luz es libre para escoger

lo que desea.

Sus decisiones son tomadas con valor,

desprendimiento y,

a veces, una cierta dosis de locura.

La felicidad es una bendición, pero generalmente

es también una conquista

Las cosas más simples son las más extraordinarias,

y solo un sabio consigue verlas.

viernes, 24 de octubre de 2008

.El guerrero de Luz.


"El GUERRERO te indica que ya eres un viajante dedicado a unir el corazón y la mente en devoción hacia lo divino. Has llegado a ese punto en tu vida en que quieras saber la respuesta a una profunda pregunta. Pregúntate que es lo que verdaderamente deseas en este momento; estas en busca de la raíz de la verdad. Luego reclama la natural habilidad que tienes de comunicarte con la conciencia cósmica
Si sientes inseguridad respecto a tu conexión con tu guía, enfócate a aquel que te cruza el río. Sana y libera tu miedo y duda. Ten confianza en que puedes recibir enseñanza clara desde tu Ser interno. Tú sabes bien cuando algo te suena como cierto. Usa este reconocimiento con la situación que tienes por delante.
Sintonízate cuando estás sintiendo fuertes sensaciones, y el Espíritu te conducirá a tener nuevamente confianza en tu propia intuición cósmica".

sábado, 13 de septiembre de 2008

.El niño interior.

A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar, decía él. Percibirnos que el instante mágico de aquel día pasó, y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día, y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz.

Ese niño que fuimos un día continúa presente. Bienaventurados los pequeños, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.

Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él. No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente de otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar. Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida. (Coelho)

domingo, 31 de agosto de 2008

Instantes mágicos


Es necesario correr riesgos, decía. Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado.

Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana. Pero quien presta atención a su día, descubre un instante de silencio después del almuerzo, en las mil y una cosas que nos parecen iguales. Ese momento existe: un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.

La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista. El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños. Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones…, pero todo es pasajero, y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.

Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ése quizá no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño. Pero al mirar hacia atrás —porque siempre miramos hacia atrás— oirá el corazón que le dice: «¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días? ¿Qué hiciste con los talentos que tu Maestro te confió? Los enterraste en el fondo de una cueva, porque tenías miedo de perderlos. Entonces, ésta es tu herencia: la certeza de que has desperdiciado tu vida.»

Pobre de quien escucha estas palabras. Porque entonces creerá en milagros, pero los instantes mágicos de su vida ya habrán pasado.

(Fragmento del libro A orillas del rio piedras me senté y lloré)