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jueves, 25 de diciembre de 2008

.Jiddu Krishnamurti.


DEL DIARIO II

Abril 10, 1975

En el silencio de la noche profunda y en la quieta y apacible mañana, cuando el sol está tocando las colinas, hay un gran misterio. Está ahí, en todas las cosas vivientes. Si uno se sienta tranquilo bajo un árbol, percibirá la antigua tierra con su misterio incomprensible. En una noche silenciosa, cuando las estrellas lucen claras y cercanas, uno puede advertir el espacio en expansión y el misterioso orden de todas las cosas, lo inmensurable y la nada, el movimiento de las oscuras colinas y el ulular de un búho. En ese silencio absoluto de la mente, este misterio se expande sin tiempo ni espacio. Hay misterio en aquellos antiguos templos construidos con cuidado infinito, con una atención que es amor. Las pequeñas mezquitas y las grandes catedrales pierden este misterio intangible porque hay fanatismo, dogma y pompas marciales. El mito que está oculto en las profundas capas de la mente no es misterioso; es romántico, tradicional y condicionado. En los rincones secretos de la mente, la verdad ha sido desalojada por los símbolos, las palabras y las imágenes; en todas estas cosas no hay misterio alguno, son las agitaciones del pensamiento. En el conocimiento y su actividad, hay admiración, aprecio y gozo. Pero el misterio es absolutamente otra cosa. No es una experiencia que pueda reconocerse, guardarse y recordarse. La experiencia es la muerte de ese misterio incomunicable; para comunicarnos necesitamos una palabra, un gesto, una mirada, pero para estar en comunicación con aquello, la mente, la totalidad del propio ser debe hallarse al mismo nivel, al mismo tiempo y a la misma intensidad que aquello que llamamos misterioso. Esto es amor. Con esto se abre el misterio total del universo.
Esta mañana no había una nube en el cielo, el sol estaba en el valle y todas las cosas se regocijaban, excepto el hombre. Él miraba esta tierra maravillosa y continuaba con su trabajo, sus penas y sus pasajeros placeres. No tenía tiempo para ver; se hallaba demasiado ocupado con sus problemas, sus agonías, su violencia. El no ve ese árbol y, por ende, no puede ver su propio tormento. Cuando se ve obligado a mirar, hace pedazos lo que ve y llama a eso análisis; escapa de ello o directamente no quiere ver. En el arte de ver radica el milagro de la transformación, la transformación de ‘lo que es’. Lo que ‘debería ser’ jamás existe. El inmenso misterio está en el acto de ver. Esto requiere interés, atención, que es amor.

http://krishnamurtij.blogspot.com/

.Krishnamurti:El miedo.


¿Puede uno disolver el miedo completamente si encuentra la causa del mismo?
KRISHNAMURTI: Mirad, si estáis poniendo toda vuestra atención después de una hora de esta clase de charla, vuestra mente debe estar cansada, y también el cuerpo. Escuchar con completa atención es algo que la mayoría de nosotros no hemos hecho hasta ahora, y es cosa muy ardua.
La señora pregunta: ¿Se disuelve el temor conociendo su causa? ¿Se disuelve? Uno conoce generalmente la causa del temor; la muerte, la opinión pública, las cosas que uno ha hecho y que no quiere que sean descubiertas, etc. La mayor parte de las personas conocen la causa de su miedo, pero eso evidentemente no pone fin al miedo. Por el análisis puede uno descubrir alguna oculta causa del temor, pero tampoco esto libera de él a la mente. Lo que la libera del temor y os aseguro que la liberación es completa- es el darse cuenta del temor sin la palabra, sin tratar de rechazar el temor o escapar de él, sin querer estar en algún otro estado. Si con toda atención os dais cuenta del hecho de que hay temor, entonces hallaréis que el observador y lo observado son una sola cosa, no hay división entre ellos. No hay un observador que dice: “Tengo miedo”; hay sólo el miedo sin la palabra que indica ese estado. La mente ya no escapa, ya no trata de librarse del temor, ya no trata de hallar la causa, y por lo tanto ya no es esclava de las palabras. Sólo hay un proceso de aprender, que es el resultado de la inocencia, y una mente inocente no tiene miedo.

Del Libro: Tragedia del Hombre y del Mundo, La Mente Mecánica.
J. Krishnamurti.

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