
¿Te atreves? - me preguntó
No – le dije, y se lanzó desde la cumbre con las alas abiertas y
voló. Yo no, yo me quedé viendo, hizo varias maniobras en el aire,
me miró unos segundos y como un disparo desapareció de mi vista,
nunca más le vi.
Decidí quedarme allí por si volvía, había costado tanto hallar ese
sitio, no iba a perderlo, miré a mi alrededor, descubrí materiales
para construir un refugio, los junté y armé un sitio para guarecerme
y esperar a que volviera. Comenzó a caer una fina lluvia por días,
hasta hacerse incontenible, inevitable, donde quiera que me ocultara
llegaba a mojarme, la densa acumulación de tantos días de aguacero,
provocó verdaderos ríos que quebraban la tierra y se lo llevó
todo, me quedé como estaba, pero esta vez derrotado, mojado,
confundido y triste, esperé un tiempo más y cuando todo fue pasando,
apareció un sol muy leve, entre una nubes blancas y un intenso
cielo, entonces miré mis alas, las abrí para secarlas, eran bellas,
las agite lentamente y me elevé del suelo, no sé como lo hice, pero
me elevé, di unas vueltas en el aire, sin alejarme del sitio