
El Tiempo maya es un lienzo blanco, gigante y disponible, sobre el que cada uno habrá de hacer su vida como una singular y gran obra de arte. El arte que es ese gozo intenso e indescriptible que paraliza todo, que detiene en el aire sin querer que termine, que hace que el fluir constante se transforme en un estado imposible, en una sensación que se mantiene adentro de uno, como una ola gigante que sumerge en un deseo de no querer salir ni detenerse. De ese tiempo es este tiempo maya y no de la sombra que persigue o que se escapa siempre. De ese tiempo es esta Onda Encantada del Humano Amarillo, el que viene con la fuerza de su sabiduría a influirnos para ser todo lo humanos que todavía nos falta.
Es del humano ese estado que ha vencido las dependencias, las determinaciones y la falta de voluntad propia para hacer y deshacer lo que haga falta. Es este humano el triunfo sobre el miedo que lo paralizaba en la mitad de la tormenta sin más alternativa que entregarse, que explicarse con la culpa o con la desgracia de su destino negro lo que estaba sucediendo, sin poder verlo, sin querer verlo. De ese humano es este signo, del final de una evolución que lo hace libre, que lo hace responsable de sus elecciones, de ese humano que no está sumido en los deseos que lo atan y lo arrastran entero en pos de algo que es parcial, que apenas es un detalle de su totalidad desconocida. Es el humano que está alto en su presencia, que ha adquirido un sitio propio desde donde observa todo y con el que todo hace, es y crea. A veces los hombres y mujeres de la tierra están, sin saber, esclavizados todavía a tantas cosas, a veces son los juicios de la gente que va cerca los que hacen que sus pasos sean sombras ajenas, a veces son minúsculas necesidades que se adueñan de todo ese hombre, de esa mujer y los obligan a una acción que quizás si alguna vez harán conscientes, a veces una meta prometida es todo lo que importa y en pos de ella vale todo lo que se hace, a veces son las reglas, son los dogmas, son la historia, que conducen como cauces vidas completas, las que se van sin hacer nada, a veces son ideas que adheridas entre ellas, a la fuerza, se hacen la única verdad por la cual se mida y se te mida, a veces son las dudas que consumen toda
