
Fatigados de tanto peregrinar, comenzamos a recordar que el poder siempre estuvo dentro de nosotros. Movilizarnos fue el pretexto para abrir los ojos del alma, despertar y rememorar que no hacía falta dar un solo paso


La última estación de tercera dimensión se llama “la entrega”, allí el “hágase Señor tu voluntad” debe convertirse en acción consciente. La tarea es aceptar todo lo que en cada momento nos traiga la vida. Esa entrega total no es un sacrificio, si comprendemos que no hay nada que perder, ni existe una mejor opción que estemos cancelando. La voluntad del Padre está respaldada por la perfección de un plan maestro, si confiamos en él, podremos vivir sin luchas, ni conflictos interiores, sumergidos placenteramente en las aguas tranquilas de nuestra propia paz.
Saber vivir es entonces disolver todo rechazo, y aprender a amar nuestro programa evolutivo. Eso incluye: aceptarnos a nosotros mismos y amar nuestro cuerpo con todas sus características. Aceptar a los demás como son, sin pretender cambiarlos, y reconocer en ellos a nuestros entrenadores, que trabajan para hacer de nosotros los campeones del amor en acción. Además es fundamental aceptar cada evento nuevo como parte del engranaje perfecto para el cumplimiento del plan divino.
H. Galvis